28 de abril de 2013

Un campesino hostelero

“Yo soy un campesino que me tuve que dedicar a la hostelería”, con esta frase se describió Juan durante una de esas conversaciones que empiezan con una excusa superficial y terminan siendo existenciales. Sin embargo, este amante del campo y hostelero de profesión fue mucho más de lo que su autodescripción deja ver. Puedo decir que supo hacer y tener éxito en todo lo que fue: campesino, hostelero, leñador, albañil, pintor, actor, comprador, vendedor, casero, inversor, amigo, cabeza de familia… 

Juan nació hace 71 años, por tierras andaluzas, algo que sin duda marca el acento, la personalidad y la forma de entender la vida y a las gentes. Cabrero durante su niñez y juventud, de esos que ya quedan pocos (si es que queda alguno); contaba con cariño y milimétrico detalle las innumerables anécdotas de los años de duro trabajo con las cabras y la venta de leche. Si tengo que destacar una historia de esos años, seria en la cual conoció al amor de su vida, su esposa María, vendiendo 3 pesetas de leche que no cundían a la familia de María porque este pícaro cabrero formaba espuma para aparentar más leche. 

La peseta se le quedó pequeña, y con valentía y el pesar de su padre, se marchó a Francia a trabajar de lo que fue encontrando. Con orgullo Juan contaba estos recuerdos chapurreando el francés (quizás pensando que todo el mundo lo entiende o más bien presumiendo que hablaba el idioma galo). Fueron muchos los españoles que tuvieron que atravesar las fronteras para ganar algo de dinero, y la solidaridad de este andaluz se tradujo en echar una mano a todos lo que allí conoció. Esta bondad la desarrolló desde niño; cuando en los campos españoles la posguerra dejó hambre para todos y pan para unos pocos, Juan repartía su comida con los que le pedían durante su recorrido con las cabras. Pero volvamos a Francia; qué contar de esos años…, una frase “¿Estas son las manos de alguien que no trabaja?”, esto fue lo que preguntó enseñando las manos callosas a un juez para demostrar que ellos (los españoles) realizaban el mismo trabajo de leñador que los demás y por tanto merecían el mismo sueldo; el juez indudablemente les dio la razón. 

Terminada la aventura francesa, vio oportunidad de negocio en una de las zonas donde el pastoreaba a la salida de su pueblo, y con los ahorros ganados adquirió un terreno y construyó un artesanal restaurante. Sin agua ni electricidad, fue un inicio duro, pero con la ilusión y la visión de futuro aguantaron y el negocio prosperó a cambio de una alta dedicación al trabajo. Con María en la cocina y Juan en la barra y de relaciones públicas, la Venta los Morenos se convirtió en el local por excelencia de la comunidad extranjera de la zona, y si los clientes llevan viniendo desde hace varias décadas será por algo. En la Venta creció la familia, primero Juan hijo, después María hija, y por último llegaría Susana (mi Susana).  

Juan volvió a ser campesino como él quería, compró tierras y cultivó naranjas, aguacates, nísperos y otras frutas. Amó el campo siempre, y disfrutó de él casi cada día. 

Fue un hombre bueno que ayudó a que muchos tuvieran un negocio, un techo y un plato de comida;  trabajador incansable que siempre tenía algo que hacer, de carácter serio aunque divertido y amigo del cante, espectador del trinomio “parte-agua-guerra” que entre risas decía su esposa, y muy crítico en la política. Fue un esposo y un padre. Claro que tuvo sus sombras pero sus luces brillan más y es los que aquí quería recordar. 

Un saludo Juan, te echamos de menos y te recordamos.


7 de marzo de 2013

Micha

Llegaste con ruido y nueces, llegaste extraña y delgada, llegaste y no te costó quedarte. Llenaste de ti hasta los lugares que no conocía de la casa. Necesitada e independiente, solitaria y sociable. Un caramelo era un tesoro para guardar, jugar y trasladar. Tuviste una casa roja, un plato marrón y un sofá enorme; tuviste libertad y cuidado. Tuviste una breve y espero que buena vida. Te tuve entre mis pasos, te tuve tras de mí, te tuve a mi lado. Protestona, caprichosa, elegante; ya solo me queda despedirme de ti. 

Hasta siempre amiga


19 de febrero de 2013

La vida a ti debida

Habrá días que no se demuestre lo que el interior siente, habrá días malos y buenos, habrá días donde se daría todo por poder demostrar lo que significan las cosas y no se podrá; habrá días de lluvia donde den ganas de correr bajo ella y no pensar más que en el agua resbalando. Habrá días y días, habrá demostraciones o fruslerías, pero en cualquiera de ellos, en esta tierra de mar y montaña, he sentido que la encontré.


La voz a ti debida

Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago, 
que un milagro, más. 
El tiempo 
después de dártelo 
no lo quise para nada 
ya, para nada 
lo había querido antes. 
Se empezó, se acabó en él. 

Hoy estoy besando un beso; 
estoy solo con mis labios. 
Los pongo 
no en tu boca, no, ya no 
—¿adónde se me ha escapado?—. 
Los pongo 
en el beso que te di 
ayer, en las bocas juntas 
del beso que se besaron. 
Y dura este beso más 
que el silencio, que la luz. 
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso, 
que se escapa, que me huye. 
No. 
Te estoy besando más lejos.

Pedro Salinas

18 de enero de 2013

Factor grotesco

Día grotesco, de extrañezas y límites, de tristezas y arqueología rancia; noche toledana, de dolor y rabia. Pasará y quedará ahogado en muerte o en vida, y a nadie le importará lo que ahora puede hacer cambiar la luz y las horas; y cuando todo pase y no queden días, qué recordará.

                                                      Cobijo mutuo

30 de diciembre de 2012

Navidades plenamente andaluzas

Es navidad, esas tan sonadas por ser cuando debería ridículamente haber acabado el mundo; y el mundo siguió como si tal cosa.

Se cumplen días y se cumplen momentos, y quise cumplir ambos en esta tierra andaluza que ya me es familiar, en estas calles que ya he recorrido antes y espero seguir conociendo junto a la persona que me eligió y a quien elegí para mezclar nuestro tiempo y compartir nuestras vidas.

6 de mayo de 2012

Tarde iluminada

Luces de sol a las ocho de la tarde, rayos amarillos y rojizos colorean la tarde como si fuera de mañana; qué días tan largos estos de primavera, que esperanza tan abrumadora se presenta en el mañana.

Allá voy.