Una fecha más en el calendario, una fecha que para algunos no significa nada, para otros es un mundo, un logro, un fracaso, una alegría o una decepción.
La vida está llena de fechas que marcan acontecimientos, algunos están llamados a imprimirse a fuego en el acervo colectivo, en los libros de historia, en la memoria del tiempo. Otras fechas se perderán cuando la memoria de los que lo vivieron se esfume con la muerte o con el olvido.
Cada momento, cada golpe de la aguja del reloj marca un acontecimiento importante para alguien, en algún sitio alguien sufre un desamor, alguien tiene una hija, alguien se enamora, alguien pierde, alguien gana, alguien…
Para el poeta, 1964 es una fecha especial, que con un desgarrador poema quiso inmortalizar, pasando así de la memoria de un hombre a la de muchos.
Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.
Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.
José Luis Borges

No hay comentarios:
Publicar un comentario