4 de diciembre de 2010

Beso


Un beso puede decir muchas cosas o no decir nada, puede significar un oasis para el que lo da y un desierto para el que lo recibe, puede ser una expresión de afecto romántico, filial, amistoso, incluso puede ser un desprecio.

Un beso puede producir una descargar de adrenalina y oxitocina (relacionada con el contacto íntimo y la confianza) en sangre, aumentar el ritmo cardiaco, la tensión arterial y el nivel de glucosa.

Un beso puede marcarse en la memoria para siempre, quedar en un privilegiado lugar del recuerdo que se recrea constantemente, convertirse en un sitio donde siempre se puede volver para ser feliz.

Hay gente afortunada, que encuentra el beso perfecto con la persona perfecta (con el amor de su vida), entonces el mundo se para y desaparece para transformase en dos bocas y dos latidos que se sincronizan en uno. Un beso así, sin duda, es de las cosas más maravillosas que se pueden vivir y sentir (gracias)

Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.

Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
—¿adónde se me ha escapado?—.
Los pongo 
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.

    Pedro Salinas


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