29 de enero de 2011

Hijo de Hombre



El cristianismo lleva tiempo perdiendo poder sobre el mundo de las ideas, sin embargo su figura más humana fue un pionero en la influencia de uno sobre muchos. Jesucristo fue un líder y un organizador revolucionario, muchas veces atribuido su éxito injustamente a Dios o a sus discípulos. Pero si descartamos la intervención divina se evidencia que fue una persona que ideó por sí solo la estrategia que derrocó el sistema establecido y preservó un poder sobre el mundo occidental durante cientos de años.

Según cuentan los evangelios, Jesús estaba solo y era desconocido cuando apareció en la vida pública. Su objetivo era formar un movimiento y constituirse en un líder religioso de un pueblo que ya estaba arraigado a una institución religiosa al servicio del poder de Roma.

A pesar del anonimato de Jesús y de su soledad, contaba con factores a su favor, y como cualquier líder aprovechó con astucia estos factores a su favor. El pueblo estaba descontento debido a la pobreza, la opresión y los impuestos romanos. Al igual que en Rusia o en Alemania, bolcheviques y nazis partieron del hambre, de la desesperación y de la derrota militar, también aquí el pueblo tenía poco que perder con el cambio. Jesús vivió una época en la que la estructura de poder no estaba unificada. Desacuerdos entre las clases altas y los sacerdotes, odio del pueblo hacia la ocupación romana, permitieron que los grupos de autoridad establecida no presentaran frente unido ante un intento de tomar el poder. La mitología que circulaba entonces también favoreció a Jesús, circulaba un mito sobre un Mesías que solucionaría los problemas de miseria y de ocupación. El pueblo creía que podía llegar un hombre y cambiarlo todo.

Jesús no era rico, ni romano, ni de la jerarquía religiosa, por lo que en un principio se encontró excluido de la estructura de poder. ¿Cómo podía entonces adquirir fama? Mediante una tradición de la época, manifestarse en público expresando sus ideas, así habló en la calle, en los campos, en las sinagogas. Siendo esta una actividad que no era mal vista por el clero (evitaba así las represalias) y que solía llamar la atención de los transeúntes. ¿Pero cómo hablar? Si su discurso era ortodoxo no tendría oyentes porque el clero decía lo mismo, si su discurso discrepaba del ortodoxo tenía el riesgo de contrariar al pueblo. Jesús se las ingenió para llamar la atención como alguien que proponía ideas nuevas presentadas como ortodoxia estricta (proclamó que sus ideas no se apartaban de lo establecido por la religión, sino que eran una expresión más auténtica de la misma).

La idiosincrasia de Israel permitió que se convirtiera en autoridad, puesto que se consideraba que las leyes eran una verdad que se descubría e interpretaba (no producto del consenso como en otras culturas). De este modo, cualquier hombre puede descubrir las leyes y hablar de ellas con la misma autoridad que el clero, y proponer un cambio argumentando que sus rivales se han desviado de las verdaderas leyes de la religión. Denostó a la autoridad, centrando sus críticas sobre la doctrina religiosa y erigiéndose en autoridad de la misma. Nunca elogió a un líder religioso exceptuando a los que ya habían muerto, como su colega y competidor, Juan el Bautista, siendo esta una forma de establecerse como el único poseedor de la verdad y evitar rivales profetas.

Para conseguir fama, no basta solamente con hablar bien y promover cambios, es necesario algo más. Esto lo consiguió forjándose una fama de sanador. Las leyendas se extienden con rapidez, y la eficacia en la cura crea más fe en la eficacia y por tanto mayor eficacia. Una vez alguien adquiere fama de curador el solo hecho de tocar sus ropajes es capaz de sanar.

Otra forma de alcanzar notoriedad rápidamente fue mediante ataques a la autoridad (oponente más poderoso), siendo una manera de ganar fama y de poner a un nivel similar o inferior a los atacantes que en principio están en un plano superior.

Jesús, al contrario que otros profetas a los cuales se les unía temporalmente discípulos, eligió a las personas que estaban dispuestas a unirse a su causa y fueran capaces de reclutar a más gente (“pescadores de hombres”). Exigiendo a sus elegidos, lo mismo que pediría cualquier grupo revolucionario, abandonar sus ambiciones personales y cortar sus lazos familiares (un ejemplo lo tenemos en los líderes del Poder Negro que llaman a sus seguidores “hermanos de alma” convirtiéndose así en una familia sustituta de la biológica). Obtuvo lealtad mediante promesas (y amenazas de condena), y cohesión mediante el hecho de ser perseguidos. Enseñó a sus discípulos, pero al igual que otros líderes revolucionarios, se preocupó de que estos no le superaran, criticando sus torpezas intelectuales, sus incapacidades de curar, sus celos…

Fue un líder que presentó un programa para reunir adeptos entre los desposeídos y los pobres, aludiendo que estos merecían el poder más que cualquier otro grupo social, y que su desamparo tendría recompensa si seguían la nueva doctrina. Del mismo modo los bolcheviques ofrecieron una sociedad sin clases y Hitler un Reich de mil años.

También instó a los jóvenes a rebelarse contra los mayores y romper los lazos familiares. El conservadurismo de la familia es un impedimento para cualquier movimiento que pretende el cambio, sólo tras obtener el poder resulta conveniente la cohesión familiar para mantener los valores conseguidos.
Jesús afirmaba que no hablaba él, sino que expresaba la voluntad de su padre celestial. Es una táctica para mantener vivo el movimiento cuando el ideólogo desaparezca, así se afirma que no se debe seguir al líder por su persona sino por lo que representa.

Puesto que el poder de Roma era imbatible, Jesús optó por usar la táctica del vencido. Se ejemplifica en la famosa cita: “Al que te hiere en una mejilla, ofrécele la otra”. Mal entendida popularmente, en realidad hace referencia a la táctica animal de ofrecer la vida al vencedor como método de sumisión aunque también de controlar la conducta del otro esperando que le deje vivir. No se ofrece la otra mejilla para que nos golpearan sino para imposibilitarlo a hacerlo (esta idea la explicita el zoólogo Konrad Lorenz al contemplar la conducta de los lobos). Paradójicamente Jesús respondió a las críticas y ataques sobre su persona, aunque perdonó a los que causaron daños a los otros. Por lo que el uso de la táctica del vencido aparenta ser más una técnica de supervivencia (predicada) que una filosofía personal (aplicada).

Sus últimos días, poco claros, y el desenlace mortal que tuvo, puede deberse más que a un sacrificio a un error de cálculo. En contra de las opiniones de sus seguidores, Jesús decidió ir a Jerusalén, forzando (con su conducta) y facilitando su arresto. Juzgado y condenado por el tribunal judío (Sanedrín), posteriormente enviado a Pilatos para que lo ejecutara, el cual ante la falta de pruebas para ejecutarlo, pidió al pueblo su absolución, a lo que este respondió condenando a Jesús. Tras el arresto se negó a hablar, y ningún testigo veraz condujo a pruebas para su ejecución, con esto podemos entender que su intención no era morir (de haberla sido pudo haber facilitado una condena por la ley romana), tal vez al atisbar agotado y en peligro su movimiento pretendió dar un golpe de efecto obteniendo repercusión de ese modo para ganar adeptos y al ser liberado conseguir aún mayor autoridad frente al pueblo, el clero y Roma.

Sin discutir sobre su condición divina o si ofreció una filosofía religiosa nueva, indudablemente Jesús fue un innovador líder que muchos después imitaron.

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