Caminan los días por un septiembre raro, quizá como todos los septiembres acostumbrados a su rareza de cambios de tiempo, de cambios de viento, de subidas y bajadas. Caminan mis días por septiembre que me sabe a poco, que ni quiero saborear por el ansia infantil de que pase el tiempo rápido hacia un noviembre con marca de beso y nacimiento.
Y en las templadas noches viajo con el pensamiento, fantaseo con los olores y las sensaciones de la parte de mí que esta fuera de mí. Recuerdo mi futuro que aún no he vivido, echo de menos eso que está por venir. Mientras, despido con la mirada los rincones familiares e imagino que doy la bienvenida a nuevos rincones.
Hace meses que me sopló el viento la dirección de mis sueños, hace meses que sé dónde tengo que estar, es una seguridad tranquilizadora, el saber que se va donde se debe ir, que se hace lo que se tiene que hacer. Hace meses todo parecía diferente, pero el sueño era el mismo. Los momentos podrán ser mejores o peores, a veces depende de uno, otras de los demás, a veces son errores y otras son aciertos. Puede que los momentos determinen muchas cosas, incluso que lo cambien todo, pero la certeza de lo que siento es siempre la misma, la certeza de lo que sueño es siempre la misma.
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