Parecía tan lejano, tan complicado, tan por momentos sobrecogedor, pero llegó esa madrugada de nervios y desayuno en la garganta camino del coche, en la oscuridad de la madrugada y con el amanecer como reloj.
Bastaron un puñado de horas contadas con una mano para cambiar el paisaje, los olores, los sonidos, las personas, las sensaciones, la forma de vivir. Tan lejos parecía y tan cercano se ha vuelto; no puedo decir que haya sido fácil o quizá el rio de la vida me empujó hasta aquí, sé que estoy donde deseaba estar, que extrañamente no tengo nostalgia de nada de lo que dejé.
En estos días de todavía inestabilidad y desconocimiento, me pregunto cómo miraré desde el futuro al presente de este sueño que nació una noche de lluvia en el parque de mi pequeña ciudad. Cómo sea, estoy convencido que sonreiré por estar junto a la persona por la que palpito o por haberlo intentado.
Mis pensamientos, sentimientos, ilusiones y mi voz silenciosa me trajeron hasta aquí, más allá de esto es muy incierto lo que viene, pero igualmente emocionante e ilusionante.
Estoy aquí, cerca del mar y la luna.
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