1 de diciembre de 2011

Un año

Un año y treinta y dos años, y organizo el orden por la importancia de los momentos, porque uno fue elegido, pretendido y deseado, y el otro fue casual y azaroso.

Momentos marcados en el calendario (pero qué sabrán los números de significados emocionales) arropados por recuerdos, sonrisas (y a veces lágrimas). Hace un año convertí mi día en algo diferente, lo convertí en nuestro día, así lo quise, así lo aceptaste. No sé realmente si transformar algo que era especial para mí en algo especial para ambos fue egoísmo o fue altruismo (creo que ni una ni otra), fue sin más.

Llovió tiempo y momentos desde aquel treinta de noviembre plomizo y acuoso (extrañamente lo recuerdo soleado cuando estaba a tu lado). Todo se hizo posible, todo lo que soñaba estaba al alcance; sé que no fue un camino de rosas (lo que cuesta se aprecia más), pero se llegó. Dentro de un año… nuestras acciones serán las que nos lleven a ese momento, al igual que nuestras acciones nos llevaron a este ahora soñado (mano con mano).

Es difícil nacer y celebrar el nacimiento a medio millar de kilómetros de tu origen y sentirse en casa, pero así lo he sentido. No le corresponde al lugar ese honor, sino a la compañía. Eso hace que me pregunte si ahora me sentiré en casa cuando regrese (aunque hace tiempo que en las calles de la ciudad donde nací, sólo la familiaridad la convierten en un sitio donde sentirme vinculado). Mi vinculo no es la tierra, no reniego de ella, pero tampoco la hago mía ni me hago suyo (ya tengo pertenencia).

Feliz año.

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