19 de enero de 2012

Pequeñez

Las palabras escritas siempre han sido una vía de escape, de soltar el agua que anega los compartimentos y los ojos, una forma de contar sin ser oído. Si tantos antes lo hicieron y tantos después lo harán será que hay algo mágico en ello.

Cuento mi pequeñez que rescata mi torpe y pésimo día. Puede que sea idiota contarlo, pero idiota ya fui y ya he sido hoy bastante de eso, ahora quiero hablar de esto que me dio un instante de “contento ahora” al verlo, de presencia sin persona, de atisbo de futuro; que caray, que me llevó a ti.

Treinta y dos trozos de madera sobre un contexto en blanco y negro. No es el mejor de los diseños, ni el más detallista de las versiones, pero es nuestro primer ajedrez, y eso lo hace especial.

Entrelazando palabras llegamos al ajedrez, a la idea de tenerlo, de jugarlo, de reaprenderlo. Hoy di con él, y si bien el día no ha deparado alegrías, quise añadir algo que tuviera continuidad en todo lo bueno que se ha construido.

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