Pisar la tierra que ha sido moldeada por lluvia y viento, por arados y por las raíces y los pasos de los que antes por allí pasaron, animales o humanos. Hacer eso puede no ser nada más que un detalle más de un día más viviendo, también puede ser una experiencia que se comparte (con uno o con quien acompañe).
Caminé por un sendero de tierra y piedras, de olivos y monte, de huellas humanas y olor de plantas. Caminé acompañado, de la mano, separado, cerca y a distancia. Caminé para acabar corriendo y volver a caminar. Y por el camino me encontré con la sencillez de disfrutar del momento, del lugar, de la tierra y de la mano que no siendo mía no siento ajena.
Creo que en cada detalle puede haber plenitud de vida.
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