19 de febrero de 2012

Una flor nacida de una mano

Hoy vi nacer una flor de una mano, un regalo de una persona tan especial que movió mi mundo, y que me hace querer ser mejor; y con vergüenza tomé esa flor y le encontré un sitio donde vivir.

La flor es un símbolo de aprecio, de ofrenda, de complicidad; una conexión entre lo natural y lo sentimental. Y aunque la belleza de una flor es efímera, el detalle perdura siempre. Es tradición obsequiar con flores a las mujeres, no tanto a los varones, pero en esta ocasión y siguiendo su habitual gusto por romper esquemas, fue ella quien me regaló una flor roja.

Quise ver de dónde proceden esta tradición, y si bien no encontré una respuesta satisfactoria, puedo añadir que algunas personas hablan de que fue en el renacimiento cuando comienza la costumbre de regalar flores, realizado de las madres hacía sus hijas, expresando a través de sus colores secretos y sentimientos. Otras personas incluso ponen nombre y apellidos al origen occidental de esta tradición, aludiendo a Lady María Wortley Montagu en 1716, que había vivido un tiempo en Turquía con su marido, quien llevó el lenguaje de las flores a Inglaterra. Ninguna de las dos propuestas me convence, creo que hay más sencillez que todo eso, que las flores siempre han estado y se han ofrecido a las personas y a los dioses.

De entre todas las historias de flores, la que más me llamó la atención es la oriental, donde llegaron a desarrollar hacer siglos un lenguaje basado en la estructura de la preparación de las flores denominado ikebana, que actualmente sigue en vigor, incluso ha llegado a tierras occidentales. Esta es brevemente esa historia, que dedico a esa chica capaz de hacer que una flor crezca en su mano:

Con la introducción del budismo en Japón en el siglo VI, llegó también la costumbre del kuge, u ofrendas de flores en el altar. Un sacerdote, insatisfecho con la forma despreocupada con la que los sacerdotes hacían las ofrendas florales en el altar de Buda, experimentó con arreglos que simbolizaban el universo. En sus diseños, las flores y las ramas se dirigían hacia arriba (nunca hacia abajo), y se disponían en grupos de tres para representar la armoniosa relación entre el cielo, hombre y tierra. Los sacerdotes continuaron haciendo arreglos florales durante cientos de años, pero no hay constancia de ninguna forma o diseño que siguiera un sistema particular hasta finales del s. XV. En esta época, Japón experimentó una explosión de desarrollo artístico, y se creó la arquitectura tradicional japonesa, tal y como la conocemos hoy en día, la poesía haiku, el teatro noh, la jardinería y se inició la formación de distintas Escuelas de Ikebana que han ido evolucionando y definiendo sus estilos.


Devuelvo mi nombre
Al entrar en
Este Edén de flores.
(Insuki)

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